Cómo amarte a ti mismo

Hoy en día, es muy típico que pensemos que necesitamos un cambio en nuestra vida o en nuestra forma de ser. En nuestro camino hacia el crecimiento y desarrollo personal, nos damos cuenta que no sólo debemos cambiar las cosas que hacemos, sino también a nosotros mismos.

En determinados momentos, deseamos ese cambio movidos por un interés de crecimiento, transformación, mejora y apertura a nuevas posibilidades. Pero, en otros momentos, la cosa es muy diferente, ya que buscamos ese cambio porque nos sentimos insatisfechos con nosotros mismos y queremos ser mejores o lo que los demás necesitan que seamos. De esta forma, nos vemos sumergidos en cambios constantes, que no están alineados con lo que verdaderamente somos, y que no acaban con esa insatisfacción que sentimos. 

Amarte a ti mismo

Este sentimiento es muy frecuente en casi todas las personas, sobre todo en la adolescencia, donde tratamos de encajar en un mundo donde todavía no  tenemos muy claro el papel que hemos venido a jugar, o entre grupos de amigos y amigas dónde a veces tampoco nos sentimos como verdaderamente somos, o incluso con nuestras familias, que no nos entienden. En mi caso, pasé varios años intentando encajar y satisfacer a los demás, a la vez que un sentimiento de rebeldía aparecía por todos los poros de mi piel. Era como si constantemente tuviera que estar destrozándome a mí misma para intentar sustituirme por alguien mejor. Y lo peor de todo esto, es que somos seres de costumbres e interiorizamos muy rápidamente comportamientos que a veces no son los más adecuados. A mi me hizo falta mucho tiempo, ayuda y trabajo para darme cuenta de esto.   

¿No te has sentido en ocasiones como si las palabras que decías no salían realmente de ti? O, ¿no te has sorprendido diciendo algo que ni siquiera sentías sólo por el hecho de gustar a los demás?. O, ¿te has visto riñendote a ti mismo por haber dicho algo estúpido o sin sentido para tu entorno?. Yo podría decirte que, incluso hoy en día, todavía me encuentro a veces en estas circunstancias, porque aprender, aprendemos muy rápido, pero desaprender es un proceso más largo. Sobre todo, si has vivido muchos años actuando de este manera. Igualmente, para mí, lo más importante fue ser consciente de todo esto, y cambiar la perspectiva:

Si iba a cambiar, iba a ser por y para mi, para convertirme en una mejor versión de mi misma, no de lo que los demás esperaban que fuera. Esto me hace sentir muy orgullosa del camino que tomé hace unos años y que me lleva hasta donde me encuentro hoy. 

Es cierto que las personas solemos hablar mejor de las experiencias que hemos vivido una vez que ya han pasado, y poder decir "yo antes era así, pero he cambiado" o "ya no soy la persona que era" es muy satisfactorio. Pero yo todavía no me encuentro en ese punto del camino. Y hablaros desde mi corazón, es también una de las mejores terapias que hay y que hacen que me conecte conmigo misma. Cuando pongo en palabras lo que siento, lo materializo de manera más clara, y si además puedo lograr ayudar a alguien que se identifique con este mismo proceso, pues todavía mucho mejor. 

Llegados a este punto, creo que todo el mundo quiere conocerse y amarse tal y como es. Creo que es un proceso más que hemos de vivir en nuestra vida, otro aprendizaje más. Por supuesto, esto debe comenzar en nosotros: 

Verdaderamente, no podemos esperar que la gente nos ame o poder amar nosotros, si no hemos aprendido a querernos y amarnos a nosotros mismos, tal y como somos. 

 Y esto, nos puede costar verlo, si:

  • Constantemente estoy pidiendo disculpas por cómo soy o por algo que he hecho. Nos vemos siempre con la necesidad de dar explicaciones a lo que pensamos. 
  • Te castigas a ti mismo cuando cometes el más mínimo error. 
  • Te sientes mal y abrumado cuando piensas en los defectos que tienes.
  • Te aferras a personas que si suelen ver lo mejor de ti porque en esos momentos te encuentras bien, pero luego te resulta difícil mantener esos sentimientos positivos cuando ya no están contigo. 
  • Si cuando tienes en cuenta tus intereses o necesidades te sorprendes llamándote egoísta. 
  • Repetidamente haces cosas o tomas decisiones que revelan que no te respetas a ti mismo. 
  • No ves tus necesidades como una prioridad. 
  • Cuando hablas de tus sueños, lo haces de una manera que da a entender que no tienes derecho a conseguirlos. 

En estos tiempos que vivimos, siempre estamos pensando en nuevas formas y maneras de ser mejores; es también una demanda más de nuestra sociedad actual que nos obliga a estar permanente formados, actualizados y mejorados. Pero si esto lo movemos hacia nuestra verdadera esencia, podremos descubrir que también tenemos muchas ideas y maneras de encontrarnos a nosotros mismos y de aceptarnos como somos, con nuestras limitaciones y nuestras oportunidades. 

Ámate a ti mismo

"TÚ MISMO, ASÍ COMO CUALQUIER OTRA COSA EN EL UNIVERSO, MERECES TODO TU AMOR Y TU AFECTO"

Buddha

Por mi parte, quiero dejarte algunos de los consejos que me han servido y me siguen siendo muy útiles en mi camino.

  1. Entiende que tú no eres tus errores. Nuestras acciones pasadas forman parte de nosotros, pero no tenemos por qué traerlas a nuestro presente y menos, proyectarlas en nuestro futuro. No necesitamos cargar en nuestras mochilas esos errores de ayer o esas etiquetas que nos pusieron, como si de verdad nos definieran. Lo hecho, hecho está, En el ahora, puedes tomar la decisión consciente de hacer las cosas de manera diferente a como las hiciste en el pasado. Puedes decidir juzgarte en base a tus momentos más débiles o a los más fuertes, es tu elección. Si decides quedarte con los fuertes, te sentirás más orgulloso de esos momentos y será un momento ideal para que puedas sentirte bien con lo que haces, recordandote que si puedes amar lo que eres. 
  2. Acepta que no tienes nada que demostrar a nadie. Es cierto que el ser humano necesita de la validación de los demás como ser social que es y para sentirse conectado con las personas, y, en ocasiones, solemos pensar que cuando nos sentimos solos es porque no hemos demostrado lo bueno que somos o que podemos llegar a ser. Pero la verdad es que no debemos mostrar si somos buenos en algo, ni ocultar aquellas cosas que pensamos que no son favorables. Lo que realmente debemos aprender es a perdonarnos y aceptarnos a nosotros mismos, así como confiar que de esta manera, otras personas también lo harán. Ser auténtico también significa mostrarnos vulnerables, no perfectos en todo, dejar que las personas puedan ver todas nuestras diferentes facetas, confiando en que no nos juzgarán y, si lo hacen, es más un problema de ellos, no tuyo. Párate un momento a pensarlo, ¿no es mejor ser auténtico con los demás y saber quién nos acepta tal y como somos, que tener que fingir y mantener la ilusión de ser algo que no soy en realidad?
  3. Conocer lo negativo también es valioso. ¿Acaso no todo el mundo comete errores?. Pero de esto también podemos sacar algo positivo: poder ayudar a otras personas con nuestras experiencias y tener más empatía. Es precisamente porque nos equivocamos y cometemos errores, que podemos ver esas situaciones en otras personas y empatizar con ellas, poniéndonos en su lugar y entendiendo por qué se comportan de determinada manera. Podemos salir de nosotros mismos y ayudarles en lo que están necesitando. 
  4. Saber lo que de verdad importa. No dejar que un comentario o una apreciación nos marque para el resto de nuestra vida. Esto ocurre mucho en nuestra infancia o nuestra adolescencia, cuando una persona nos dice que no servimos para algo, o que no somos válidos. ¡Qué importante son los mensajes que transmitimos a los demás!. Pero no está todo perdido. Siempre podemos aprender a apreciar a aquellos comentarios que de verdad nos hacen sentir bien y nos ayudan a crecer como personas, y para el resto de comentarios que sólo pueden dañarnos o hacer que vayamos por caminos equivocados, aceptarlos, y no dejar que vayan más allá. Crearnos una personalidad fuerte sabiendo lo que somos, lo que sentimos y lo que necesitamos en cada momento. 
  5. Entender que los sentimientos y acciones positivas tienen un efecto multiplicador en nuestro mundo. Cuando aceptamos que somos dignos de amor y que nuestros sueños pueden cumplirse, el siguiente paso será el de dirigir nuestras acciones a crear lo que deseamos, no lo que pensamos que debemos hacer, sino lo que de verdad sentimos y verdaderamente queremos hacer. Agarrar nuestros miedos y enfrentarlos, saliendo a la calle y entendiendo que el miedo no tiene por qué paralizarnos, si no que puede ayudarnos como catalizador para tomar acción de verdad. Incluso si el primer paso que vas a dar es un pasito pequeño, reconócete el mérito y celébralo como una gran victoria. No te centres en el resultado final, observa todo el proceso y el camino que estás recorriendo, cómo vas cambiando poco a poco, dándote permiso para no ser perfecto, y haciendo cada cosa desde el amor hacia ti, hacia los demás, y hacia nuestro mundo. Reconoce tus debilidades, pero también tus fortalezas, y deja de preocuparte por el pasado que ya no está o el futuro que todavía no ha llegado: Vive y disfruta el presente y haz que suceda.

Y hasta aquí el post de hoy. He querido abrirte un poco de mi experiencia personal de crecimiento y desarrollo, porque hoy en día estoy feliz con lo que soy y con el camino que sigo recorriendo. Tengo claro que para caminarlo con menos obstáculos, llevar mi mochila llena de amor por mi misma y por los demás es el mejor combustible que puedo necesitar. Con mis imperfecciones, mis limitaciones y mis experiencias, que he ido dejando atrás, ¡he podido llenar esta mochila con tantas otras cosas que me estaba perdiendo por el camino!. Sólo espero que esta lectura pueda ayudarte a ver que no estás solo, que todos tenemos nuestras luces y sombras, pero que es parte de nuestro desarrollo personal. 

Me despido deseandote una maravillosa semana, y mucha luz y amor para tu camino. 

Con cariño, 

Carmen Muñoz.