7 razones sorprendentes para practicar mindfulness y Primeros pasos para la práctica

El concepto de mindfulness, podemos traducirlo como un proceso de atención y conciencia plena. Tiene su origen en la meditación budista aunque hoy en día se utiliza también separado del budismo como un simple proceso de conciencia y presencia en el aquí y el ahora. Se ha demostrado científicamente que aporta a nuestro organismo múltiples beneficios:

  • Es una terapia eficaz para reducir la ansiedad, la depresión y el estrés. 
  • Ayuda en los problemas de insomnio.
  • Protege a nuestro cerebro del envejecimiento prematuro y puede modificar su estructura neuronal.
  • Ayuda en nuestro desarrollo personal, mejorando nuestro autoconocimiento y autoconciencia.
  • Mejora nuestra memoria y aumenta nuestra capacidad de concentración.
  • Favorece la creatividad, ya que ésta surge en estados de relajación. 
  • Al trabajar la aceptación, nos ayuda a tener relaciones sociales más saludables y a relacionarnos mejor con nuestro entorno.
  • Nos ayuda a responder de manera más consciente y calmada, a no reaccionar sin tener en cuenta las consecuencias. 
 "Tu cuerpo está en el presente. ¿Y tu mente?". Gráfico de Doug Neill http://www.dougneill.com/

"Tu cuerpo está en el presente. ¿Y tu mente?". Gráfico de Doug Neill http://www.dougneill.com/

La técnica consiste en prestar atención a emociones o sensaciones de nuestro cuerpo, pero centrándonos en su aceptación, sin juzgarlos, sin decidir si son buenas o malas, sólo observándolas. De esta manera, estamos haciendo que nuestro cerebro se centre en esas sensaciones que percibimos, ayudándolo a desconectar de ese bombardeo constante de pensamientos y cosas que hacer al que lo tenemos acostumbrado. 

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En mi experiencia, puedo deciros que incorporar esta práctica en mi día a día, junto a la meditación a través de otras técnicas como la visualización (de las que os hablaré en otros posts), ha cambiado mi vida y mi manera de ver las cosas. Yo suelo realizarla por la mañana, después de mi paseo mañanero con mi perrita Haru, y de verdad, que me hace empezar el día de una manera totalmente distinta. Si en ocasiones no hago esta práctica por la mañana, lo noto, así que intento buscar unos pocos minutos de desconexión que me ayuden a volver al presente: en el autobús hacia el trabajo, en un parque sentada en un banco unos minutos... Cualquier lugar puede servirnos. 

Bueno, y ahora te estarás preguntando: ¿cómo puedo ponerla en práctica?. Por eso te dejo unos primeros pasos para empezar a practicarla y beneficiarte de sus beneficios. 

PRIMEROS PASOS PARA PONER EN PRÁCTICA MINDFULNESS

Lo ideal, sería encontrar un hueco de tu tiempo todos los días de la semana, mejor si es siempre en el mismo momento del día: en la mañana al despertarte, o por la tarde, después de la jornada de trabajo, incluso antes de irte a la cama. 

  1. Comienza por sentarte en el suelo, en posición de meditación, con la espalda erguida pero sin tensión, relajada. Puedes apoyarte en una pared si estás más cómoda, o ponerte un cojín de meditación. También puedes sentarte en una silla, con los pies apoyados en el suelo y la espalda apoyada en el respaldo. Si quieres hacerla tumbada, hazlo boca arriba, con los brazos separados del cuerpo y las palmas hacia arriba, las piernas relajadas, nunca cruzadas, dejando caer los pies hacia los lados. Recuerda que debes mantenerte consciente por lo que si ves que te quedas dormida, cambia a la postura sentada.
  2. Intenta permanecer lo más quieta posible. Cada vez que nos movemos, nuestro cerebro se pone alerta por lo que perdemos la concentración y nos distraemos. Es normal que, al principio de la práctica, nos den picores o molestias en distintas partes de nuestro cuerpo. Es la forma en la que nuestra mente se "queja por no prestarle atención" y tener esos minutos de desconexión. Poco a poco, con la práctica, estas molestias irán desapareciendo. 
  3. Céntrate en la respiración. No la fuerces, sólo inhala y exhala, a tu ritmo. Intenta llevar el aire hacia la zona baja de tu abdomen, nota como se hincha tu vientre y tus costillas se espanden hacia los lados. Esta respiración nos ayuda a relajarnos, a conectarnos con nuestro cuerpo y nuestro interior. Al principio también puede costar, pero con la práctica aprenderás a aplicarla también en muchas situaciones de tu vida, no sólo en el momento de la meditación.
  4. Cierra los ojos y lleva tu atención hacia tu cuerpo, hacia las sensaciones que tienes y sientes en él: tensión en alguna parte de tu espalda, en tu rostro, dolor, o relajación y bienestar. Nota esas sensaciones pero no las juzgues, sólo obsérvalas. Ves pasando por todo tu cuerpo, comenzando por los dedos de los pies y acabando en la cabeza, como si estuvieras escaneando cada parte de tu cuerpo.
  5. No te olvides de la respiración consciente. Intenta sólo sentir las sensaciones que produce en tu cuerpo, sin tener que controlarlas o cambiarlas. Sólo sentir cómo entra el aire y como sale. Estás ofreciendo al mismo tiempo un fantástico masaje a muchos órganos de tu cuerpo, que se benefician de este tipo de respiración y del estado de relajación que produce.
  6. Si en algún momento, notas que tu mente se distrae, no te preocupes, Sólo vuelve a concéntrate en la respiración y en las sensaciones de tu cuerpo. Deja que tus pensamientos se vayan como si cayeran en un río que desciende de las montañas. Los recuerdos, proyectos por hacer, tareas cotidianas, nos bombardean constantemente durante todo el día. Pero este momento es para ti, es tu momento para la desconexión, para estar presente en el aquí y en el ahora. Déjalos marchar y vuelve a dirigir la atención a tu conciencia. El objetivo no es conseguir no distraerse nunca, sino ser consciente de cuando esto ocurre y volver a centrar tu mente en tu respiración, una y otra vez. 
  7. Una vez que sientas que puedes dejar la práctica, haz un par de respiraciones profundas y poco a poco ves abriendo los ojos para volver a la realidad.
  8. Chequea como te sientes, a nivel físico, a nivel mental, a nivel emocional. Intenta que esta sensación te acompañe durante el resto de tu día, recuérdala y piensa que siempre puedes pararte a respirar de manera consciente en las situaciones cotidianas del día a día. 

Si empiezas a poner en práctica estos sencillos pasos, durante unos pocos minutos al día, notarás una gran diferencia. Así que si te animas, puedes compartir tus experiencias en comentarios, estaré encantada de leerte. Y también, si tienes alguna duda o inquietud sobre el proceso o no sabes cuál sería la mejor manera de empezar, estoy aquí para ayudarte

Que tengas un feliz día, lleno de presencia y conexión contigo misma.

Namasté.