Pan Bendito de San Blas



Hoy, en mi querido pueblo de Yecla, siendo víspera de la festividad de San Blas, hay un agradable aroma a Panes Benditos por las casas, lo que supongo que a muchas personas, al igual que a mi, las transportan a recuerdos de la infancia. Entonces, a los niños nos encantaba ayudar a decorar estos panes, ver como se cocían y doraban en los hornos con ese inconfundible aroma a naranja, limón y azahar. Y estábamos deseando sacarlos para poder cuanto antes poder pellizcar todas esas figuricas que tan bien los decoraban: flores, piñas, setas, bolas... y todo aquello que a nuestras madres, abuelas, tías, primas, se les ocurría hacer para decorar los panes. Eso si, había que esperar a que no estuvieran calientes ya que podían sentarnos muy mal y esto, sinceramente, era lo más difícil de conseguir... (a mi sigue pasándome lo mismo ahora). Además, estos panes eran mano de santo (nunca mejor dicho) para curar los temidos dolores de garganta que podían venir en los duros y fríos inviernos de Yecla.


Así que, en honor a esos recuerdos, y para curar nuestros males de garganta, aquí os presento hoy mi primer Pan Bendito Macro! Espero que os animéis a probarlo y me digáis si la garganta mejora.

Ingredientes:

  • 125 g de sirope de ágave.
  • Ralladura de media naranja y medio limón.
  • 75 g de leche de avena.
  • 50 g de aceite.
  • 25 g de levadura fresca.
  • 1 huevo ecológico o sustituto de huevo vegano.
  • Zumo de media naranja.
  • 425 g de harina integral de espelta.
  • 1 cucharada sopera de agua de azahar.
  • Un pellizco de sal.
Preparación:

Templamos la leche de avena y vamos diluyendo la levadura fresca en ella. 
Añadimos a un bol el huevo, el aceite, el sirope, las ralladuras de cítricos, el zumo y el agua de azahar. Batimos todo bien para que quede bien mezclado. Añadimos la leche con la levadura y volvemos a mezclar.
Ponemos la pizca de sal en la harina y vamos añadiéndola a la mezcla, primero la mitad y comenzamos a amasar y después añadimos la restante. Se tiene que amasar muy bien y durante un largo rato, ya que es una masa que debe quedar muy sobada. Queda algo pegajosa, así que para manejarla bien y ponerla en el bol para que repose, podemos untarnos las manos con un poco de aceite. Dejamos que repose en un lugar muy cálido, al lado de un radiador o pegada a la puerta del horno, porque debe reposar unas dos o tres horas, hasta que doble o triplique su volumen. Esta parte es muy importante y debéis de ser pacientes!
Una vez que la masa haya subido, se da forma a los panes. Esta tarea también es algo costosa, pero cuanto más empeño y cariño pongáis, mejor será el resultado final, así que dejar volar vuestra imaginación. Normalmente, se coge una bola de masa y reserva una cantidad para las figuras. Esta bola la aplanamos y la vamos cortando para hacer las "puntas" del pan (pueden ser cuatro puntas, cinco, seis... como queráis). Una vez hecha la base del pan, comienza la decoración. Para ello, la masa restante, mezclarla con un poco más de harina para que quede algo más compacta y ya podéis empezar a decorar vuestro pan. Una vez formados, se dejan reposar un poco más que crezcan un poquito (unos 10 - 15 minutos). Colocarlos sobre papel vegetal en la bandeja del horno para prepararlos.
Una vez listos, se pintan con huevo batido y se meten con el horno bien caliente a 180º, en la bandeja del medio, y se dejan cocer durante unos 20 - 25 minutos aproximadamente. Podéis ir controlando que se queden bien dorados pero comprobando la cocción pinchándolos en el centro para ver si se han cocido bien. 


Se sacan del horno y los pintamos con un almíbar que habremos hecho mezclando un poco sirope de ágave con agua, para que queden brillantes. Y listos!! 

Muy apetecibles como merienda o desayuno, acompañados de un "chocolate" caliente de algarroba.