Mantecados de aceite de oliva (made in Yecla)

Buenos y fríos días!

En este puente de Diciembre en Yecla (una ciudad del norte de la provincia de Murcia y que mucha gente no sabe muy bien donde ubicar.. jeje), celebramos nuestras fiestas patronales. Y como bien sabéis, toda fiesta popular, de folclore, o llámala cómo quieras, siempre va unida a esa rica gastronomía característica de una zona. Anteriormente, os presente un dulce típico del mes de febrero, que ya decían las abuelas que curaba el dolor de garganta, por lo que si es sabiduría popular y ancestral, tendréis que probar... Era el Pan Bendito de San Blas por si os animáis o queréis curaros esos males invernales.

Bueno, pues volviendo a esa gastronomía típica de fiestas y tradiciones, hoy os dejo una sencilla de receta de mantecados de aceite de oliva. Sí, sí... Cómo lo leéis! Sin esa manteca animal que tan perjudicial es y que además los convierte en una deliciosa opción 100 % vegana para aquellos/as que no consumen derivados de los animales. Tampoco llevan ni lácteos, ni azúcar refinada.

Aunque es una opción muy saludable por llevar aceite de oliva de calidad, recordar que no debéis daros el gran atracón! Que luego os ponéis malos de tanto comer y para eso no hay pan bendito que lo cure...!

Espero que os animéis a probarlos ya que para las próximas fiestas navideñas que se acercan también son una deliciosa opción.

Ingredientes (para aproximadamente 35 unidades)
  • 250 ml de Aceite de oliva virgen extra de primera prensión en frío.
  • Corteza y ralladura de naranja y limón.
  • Melaza de arroz.
  • 2 cucharadas de postre de canela (opcional).
  • Sésamo, almendra, piñones... para decorar.
  • Harina la que admita. Podéis utilizar diversas, incluso mezclar algunas, yo por ejemplo esta vez he puesto una parte de harina de trigo manitoba (que es una harina de fuerza) y de espelta integral.
Preparación (20 - 25 minutos)

1. Primero de todo, ponemos el aceite de oliva a calentar con un trozo de corteza de naranja y otro de corteza de limón, a fuego muy suave para que lo haga poco a poco y no se llegue a quemar. Cuando veamos que va perdiendo su densidad natural y empieza a estar más líquido, apartamos del fuego y dejamos enfriar.
2. Cuando ya esté a temperatura buena, retiramos las cortezas, añadimos la melaza al gusto (yo pondría aproximadamente unos 125 ml y salen bien dulces para mi) y la mezclamos bien con el aceite hasta que quede todo bien ligado. Incorporamos las ralladuras de naranja y limón, y si queréis la canela también (para mí les da un toque especial, aunque yo siempre pongo sólo en la mitad de la masa para tener más variedad).
3. Ahora es el momento de incorporar la harina poco a poco, mientras vamos amasando, ya que tendréis que ir poniendo la que admita la masa. Es una masa que queda algo arenosa, pero no pegajosa, por lo que se puede trabajar bien. Una vez esté lista (controlar que no quede muy aceitosa), vais cogiendo pegotes y le vais dando forma con vuestras manos, apretándolos para que queden más compactos. Los colocáis en una bandeja de horno con papel vegetal. Antes de hornear, podéis decorarlos con sésamo, la almendra troceada o laminada, o cualquier cosa que se os ocurra.
4. Ponemos en el horno precalentado previamente, a 180º, durante unos 10 - 15 minutos. No los horneéis demasiado que se pueden quedar con una textura un poco más crujiente al llevar la melaza.
5. Sacar y dejar enfriar antes de moverlos porque se pueden romper.

Podéis degustarlos con otro de nuestros dulces típicos, los Libricos, que son unas obleas con miel, así de simples pero deliciosas. Mi próxima idea es hacerlos con melaza... ;)


Ensalada de azukis y alpicoz

En la entrada de hoy os estaréis preguntando qué es este misterioso ingrediente que me saco hoy de la manga... Alpicoz... Así, tan raro como suena... Me encantaría saber que posibles cosas se os están pasando por la cabeza en este momento...
 

Aquí os presento al Alpicoz
Pues bien, el alpicoz es algo muy de mi tierra, Yecla, en la zona del Altiplano al norte de la Región de Murcia. Es muy apreciado en verano, en esos meses de calor seco que tenemos por esta zona, y es que su composición es prácticamente agua. ¿Por qué? Pues porque esta verdura viene de la misma familia que los pepinos, y al igual que estos, refresca que da gusto! La principal diferencia es que el alpicoz es más digestivo (no se repite como el pepino), se come con la piel, y tiene un sabor más dulce y fresco que el pepino. Que os voy a contar yo, a mi me parece mucho más bueno! En los campos de mi tierra es una planta que prácticamente todo el mundo cultiva en sus huertos de verano, y la gran mayoría son ecológicos ya que no necesitan más que agua y sol para crecer estupendamente.
 
Así que si algún día venís en temporada cálida por estas tierras, no dejéis de probarlo. Creo que en alguna zona de Alicante también se cultiva pero lo llaman Alficoz.
 
Mi receta de hoy, no es más fácil porque no se puede, pero el sabor dulce del alpicoz con la azuki queda espectacular. Si lo acompañáis con algún cereal (arroz basmati, quinoa...) y algo de verdura os queda un plato equilibrado y completo.
 
Ingredientes: (para 4 personas)
  • 250 g de azukis, remojadas la noche anterior con alga kombu.
  • Dos alpicoces.
  • Una cebolleta.
  • Hierbabuena fresca.
  • El zumo de medio limón.
  • Aceite de oliva de calidad.
  • Sal marina.
  • Rábano, para acompañar.
Elaboración:
1. Ponemos a cocer las azukis con la kombu y un poco de sal marina, durante aproximadamente 45 minutos, hasta que queden blandas pero no deshechas. Colamos y dejamos enfriar. El caldo de la cocción podéis tomarlo como un té, ya que es excelente para dar un chute de energía a nuestros riñones.
2. Mientras, picamos muy fina la cebolleta, lavamos bien el alpicoz y lo picamos también, y picamos la hierbabuena.
3. Mezclamos todos los ingredientes picados con las azukis, y aliñamos con el aceite de oliva y el zumo de medio limón. Mezclamos bien para que se impregne todo del aliño.
4. Servimos fresquita acompañadas de unos pickles rápidos de rábano.


Pan Bendito de San Blas



Hoy, en mi querido pueblo de Yecla, siendo víspera de la festividad de San Blas, hay un agradable aroma a Panes Benditos por las casas, lo que supongo que a muchas personas, al igual que a mi, las transportan a recuerdos de la infancia. Entonces, a los niños nos encantaba ayudar a decorar estos panes, ver como se cocían y doraban en los hornos con ese inconfundible aroma a naranja, limón y azahar. Y estábamos deseando sacarlos para poder cuanto antes poder pellizcar todas esas figuricas que tan bien los decoraban: flores, piñas, setas, bolas... y todo aquello que a nuestras madres, abuelas, tías, primas, se les ocurría hacer para decorar los panes. Eso si, había que esperar a que no estuvieran calientes ya que podían sentarnos muy mal y esto, sinceramente, era lo más difícil de conseguir... (a mi sigue pasándome lo mismo ahora). Además, estos panes eran mano de santo (nunca mejor dicho) para curar los temidos dolores de garganta que podían venir en los duros y fríos inviernos de Yecla.


Así que, en honor a esos recuerdos, y para curar nuestros males de garganta, aquí os presento hoy mi primer Pan Bendito Macro! Espero que os animéis a probarlo y me digáis si la garganta mejora.

Ingredientes:

  • 125 g de sirope de ágave.
  • Ralladura de media naranja y medio limón.
  • 75 g de leche de avena.
  • 50 g de aceite.
  • 25 g de levadura fresca.
  • 1 huevo ecológico o sustituto de huevo vegano.
  • Zumo de media naranja.
  • 425 g de harina integral de espelta.
  • 1 cucharada sopera de agua de azahar.
  • Un pellizco de sal.
Preparación:

Templamos la leche de avena y vamos diluyendo la levadura fresca en ella. 
Añadimos a un bol el huevo, el aceite, el sirope, las ralladuras de cítricos, el zumo y el agua de azahar. Batimos todo bien para que quede bien mezclado. Añadimos la leche con la levadura y volvemos a mezclar.
Ponemos la pizca de sal en la harina y vamos añadiéndola a la mezcla, primero la mitad y comenzamos a amasar y después añadimos la restante. Se tiene que amasar muy bien y durante un largo rato, ya que es una masa que debe quedar muy sobada. Queda algo pegajosa, así que para manejarla bien y ponerla en el bol para que repose, podemos untarnos las manos con un poco de aceite. Dejamos que repose en un lugar muy cálido, al lado de un radiador o pegada a la puerta del horno, porque debe reposar unas dos o tres horas, hasta que doble o triplique su volumen. Esta parte es muy importante y debéis de ser pacientes!
Una vez que la masa haya subido, se da forma a los panes. Esta tarea también es algo costosa, pero cuanto más empeño y cariño pongáis, mejor será el resultado final, así que dejar volar vuestra imaginación. Normalmente, se coge una bola de masa y reserva una cantidad para las figuras. Esta bola la aplanamos y la vamos cortando para hacer las "puntas" del pan (pueden ser cuatro puntas, cinco, seis... como queráis). Una vez hecha la base del pan, comienza la decoración. Para ello, la masa restante, mezclarla con un poco más de harina para que quede algo más compacta y ya podéis empezar a decorar vuestro pan. Una vez formados, se dejan reposar un poco más que crezcan un poquito (unos 10 - 15 minutos). Colocarlos sobre papel vegetal en la bandeja del horno para prepararlos.
Una vez listos, se pintan con huevo batido y se meten con el horno bien caliente a 180º, en la bandeja del medio, y se dejan cocer durante unos 20 - 25 minutos aproximadamente. Podéis ir controlando que se queden bien dorados pero comprobando la cocción pinchándolos en el centro para ver si se han cocido bien. 


Se sacan del horno y los pintamos con un almíbar que habremos hecho mezclando un poco sirope de ágave con agua, para que queden brillantes. Y listos!! 

Muy apetecibles como merienda o desayuno, acompañados de un "chocolate" caliente de algarroba.